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¿Tu hijo está evadiendo responsabilidades o tiene miedo de intentarlo?

25 sept
3 min de lectura

Entro al cuarto de mi hijo y le pregunto si ya hizo sus tareas. Me dice que sí, que no le queda nada pendiente. Lo veo jugando videojuegos y, aunque quiero confiar en él, aparece la duda: ¿de verdad terminó o está dejando lo difícil para última hora?

boy with face covered in front of computer

A veces mi preocupación va más allá de la tarea de hoy. Pienso en la universidad: si no entiende una materia, ¿pedirá ayuda? ¿Sabrá organizarse o esperará hasta el último momento? Se lo he preguntado y él me dice que sí, que busca a alguien cuando lo necesita. Le creo. Aun así, como madre, a veces me cuesta distinguir entre darle espacio para aprender y pasar por alto algo con lo que quizá necesita apoyo.

Sentí algo parecido cuando estaba aplicando a las universidades. Me preguntaba si la carrera que eligió era la que realmente quería o si la había escogido porque alguien le dijo que tenía futuro y porque le gustan las computadoras. También pensé: ¿habrá otras opciones que le interesen, pero que le dé miedo explorar porque todavía no sabe de qué se tratan?

Muchos padres me hablan de una versión de esta misma inquietud cuando sus hijos ya son adultos y siguen viviendo en casa. Y no son pocas las familias que están viviendo esa etapa: en Estados Unidos, el numero de jovenes adultos viviendo en casa de algunos de sus padres ha subido 12% desde el 2019, la mayor proporción de estos son varones. Por sí solo, vivir con los padres no nos dice si un joven está evitando responsabilidades ni por qué permanece en casa.

Encontrar trabajo también puede tomar tiempo. En julio de 2026, la tasa de desempleo de los jóvenes de 16 a 24 años en Estados Unidos fue del 9,1 %. Esa cifra se refiere a quienes buscaban empleo y no lo tenían; no explica la situación de un hijo en particular, pero nos recuerda que conseguir trabajo no depende únicamente de tener ganas, o educación.

Desde afuera, quedarse en casa, posponer una solicitud o dejar una tarea para después puede parecer falta de iniciativa, flojera, o que están evadiendo algo. Pero no podemos saber qué está pasando solo por lo que vemos. Tal vez nuestro hijo necesita aprender a organizarse, entender mejor sus opciones o dar un primer paso que le resulta intimidante. Para averiguarlo, necesitamos conversar con él sin empezar por una acusación.

En vez de decir: «Si no asumes responsabilidades, nunca vas a llegar a nada», podríamos preguntar: «¿Qué parte de esto se te está haciendo difícil?» o «¿Qué cambiaría para ti si pudieras dar este paso?». Tomar responsabilidades también puede acercarlo a cosas que desea: viajar, tener más libertad, elegir cómo gastar su dinero o vivir por su cuenta.

En mi trabajo como coach, he visto cuánto puede ayudar a un joven tener un espacio para poner en palabras sus dudas y pensar en un siguiente paso concreto. Como padres, podemos abrir la conversación y escuchar su respuesta, incluso cuando no sea la que esperábamos.

Y si tu hijo no quiere hablar contigo de lo que le preocupa, puedes invitarlo a buscar apoyo fuera de casa. Un coach, un orientador escolar o un profesional de salud mental, según lo que esté viviendo, puede ofrecerle un espacio para hablar con más libertad. Puedes decirle: «No tienes que contarme todo a mí. Lo que sí quiero es que tengas a alguien con quien puedas hablar y que te ayude a encontrar tu camino».

 
 
 

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Daniela D
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