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Resoluciones de año nuevo y adolescentes: sin ansiedad


two women speaking at a cafe

Imagínate esto.

Estamos sentados en un café. Afuera hace fresco, adentro huele a pan recién, y como es enero todo el mundo anda con la misma energía: “Este año sí.”

Y claro… suena bonito.

En enero la mayoría de nosotros queremos hacer resoluciones nuevas y grandes. Cosas que se noten. Cosas por las que la gente nos felicite. Cosas que el año que viene alguien nos pregunte: “¿Y cómo lo lograste?”

Pero también pasa algo… que casi nadie dice en voz alta.

Muchas veces, esas resoluciones nos emocionan en enero… y en febrero ya están olvidadas. No porque seamos flojos, sino porque la vida se mete en el medio. El trabajo, la casa, el cansancio, los problemas, los cambios de ánimo, todo.

Y entonces una tradición que supuestamente es “motivadora” se vuelve estresante.

Peor todavía si el año pasado hiciste un esfuerzo enorme y no recibiste el reconocimiento que pensabas. O si por dentro dudas de ti y sientes: “¿Para qué me emociono si después se me olvida?”

Ahora… esto mismo también le pasa a nuestros adolescentes.

A muchos jóvenes, el tema de “resoluciones” les da ansiedad.A veces porque no confían en ellos mismos para ir por lo que quieren.Y otras veces porque ni siquiera se atreven a pensar qué quieren, porque les da miedo equivocarse o decepcionar.

Entonces, ¿qué hacemos como padres?

Podemos ayudar a que esta época del año sea más relajada, más natural.


Cambia la pregunta y cambia la conversación

En vez de preguntarles:“¿Cuál es tu resolución de año nuevo?”

Prueba algo mucho más sencillo:

“¿Qué fue lo que te gustó del año pasado y te gustaría repetir este año?”

“¿Qué fue lo que no te gustó y te gustaría cambiar?”

Esa pequeña diferencia cambia todo.

Porque “resolución” suena a presión. Suena a examen. Suena a meta gigante. En cambio, hablar de lo que les gustó y lo que no les gustó suena a conversación real. A vida normal.

Y si tu adolescente se anima, puedes seguir con otra pregunta suave:

“¿Cómo crees que podrías cambiar eso este año?”

Aquí lo importante es el tono. Que sea como cuando uno conversa en un café: sin juicio, sin sermón, sin buscar la respuesta perfecta.

A veces con una sola conversación ya se abre una puerta.


Y si tu adolescente no ve nada bueno…

Puede pasar. Algunos chicos están en una etapa donde todo se siente pesado o vacío, y cuando preguntas “¿qué te gustó?” te responden: “Nada.”

En ese caso, no lo discutas. No le digas “cómo que nada.” No lo corrijas.

Mejor invítalo a algo simple:

“Ok, hagamos una lista rápida de lo que tienes, sin evaluarlo. Solo lo anotamos.”

Y empiezan a escribir cosas como:

Amigos. Una mascota. Un celular. Un cuarto. Música. Una profesora que cae bien. Un equipo. Una abuela. Un videojuego. Un lugar donde entrenar. Un vecino amable. Un dibujo. Un hobby.

Sin decir si es bueno o malo. Sin analizarlo. Solo escribirlo.

Porque a veces es difícil ver lo que está frente a nosotros. De tanto verlo, desaparece, hacer una lista sencilla puede ayudar a que tu adolescente vuelva a ver lo que sí está ahí.

No para “convencerlo” de que sea feliz. Sino para ayudarlo a recordar que su vida no es solo lo que le falta.


Lo que queremos de verdad para enero

Si te soy sincera, yo no quiero que enero se convierta en una carrera de metas. Quiero que enero sea un mes donde se respire un poquito más de calma.

Donde nuestros adolescentes sientan que pueden hablar sin sentirse evaluados. Y donde nosotros, como padres, podamos acompañarlos sin presión.

A veces el mejor comienzo de año no es una resolución gigante.

A veces es una conversación pequeña… sin juicio.

Con eso, ya estás empezando el año bien.


 
 
 

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Daniela D
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